Conejo Blanco
Mamá esta ahí como siempre. Frente al televisor. Viendo sus programas criminalísticos. Asesinos. Psicópatas. Genocidas. Se los come con la cena. Ahora mismo está boquiabierta, le brillan los ojos. Trata de descifrar la identidad del asesino del zodiaco. Se le enfría el café y me hace calentarlo de nuevo. En los últimos días ha estado paranoica. Me pregunta porque vuelvo tan tarde, que donde he estado y un sinfín de detalles. Un día atropelle un conejo. “Silvestre” se leía en la plaquita. Lo destacé. Lo partí en dos. Las vísceras quedaron pegadas a la llanta delantera mi bicicleta. Huí. De lo contrario el dueño o dueños del conejo arremeterían contra mi. Llegué a casa, sudando como nunca, salpicado de sangre. Intenté lavarme con el grifo que está fuera de casa. Mamá escuchó el correr del agua. Abrió la puerta y lo supo. Me vio con esos ojos llenos de frialdad que se había puesto en los últimos días. Lávate bien, fue lo único que me dijo. Esa noche soñé con el conejo blanco y sus vísceras estallando, volando por los aires. El conejo inmaculadamente blanco. El conejo blanco bañado en color granate. El conejo blanco descomponiéndose, pudriéndose, devorado por los gusanos. El hedor, el hedor era insoportable. Desperté y corrí al baño. Vomité.
Es jueves, mi día libre. Mamá lleva cuatro días sin presentarse en la oficina. Le pregunto si no piensa volver. No lo sé, me dice. Me manda a comprar películas gore. Me obliga a verlas con ella. Me hace repetir las escenas perturbadoras. Corro al baño y vomito.
Es viernes, me voy al trabajo en mi bicicleta. Esta vez soy cuidadoso y no atropello ningún conejo. De regreso a casa , decido tomar un atajo. Me pierdo, el camino es estrecho y la noche densa. Regreso al casa junto con la salida del sol. Entro a la habitación de mamá para ver si duerme y no está. Mamá no está. Quizá decidió presentarse al trabajo, pienso ingenuo. Entro a mi habitación y ahí está, de pie, esperándome, con esa mirada que me eriza la piel y me revuelve las entrañas. No dice nada. Sale del cuarto, de la casa. Sin decir a donde ni porque. Mi cansancio es mayor a mi preocupación y termino por conciliar el sueño. Mamá trata de matarme con un cuchillo sin filo, se lo quito y lo tiro por la ventana. Luego saca de su boca una pistola sin balas. Me golpea con ella. La tira. Me asfixia con la almohada. Mete su brazo en mi garganta. Me ahoga. Muero. Despierto. Corro al baño y vomito. Me cepillo los dientes y entro a la cocina para prepararme un desayuno. Entonces me doy cuenta que mamá escondió todos los cuchillos o los lleva consigo. Decido faltar al trabajo. Mamá está loca. Desempolvo el viejo bate de baseball. Y espero, espero, espero todo el día. Mamá llega junto con esa tenue luz de la luna creciente. Trae un bisturí y un par de ojos nuevos, ojos de locura. La trato de hacer entrar en razón, le digo que lo suelte, que no le quiero hacer daño. No accede, ni siquiera me escucha. Me hace un corte en la mejilla izquierda. Forcejeamos. Me hace otro corte en el brazo derecho. No me queda de otra. Le doy con el bate en la cabeza. Le parto el cráneo. Brota la sangre a borbotones. Vomito sobre su cuerpo inerte. En el fondo sabía que todo esto iba a terminar así, desde que mamá me vio con sus nuevos ojos.
Corto el cuerpo en pedacitos. (Tuve que prestar una sierra eléctrica al viejo cascarrabias de en frente). Meto los trocitos en bolsas jardineras. Mañana es Domingo. Todos los domingos pasa el camión de la basura. Las deposito personalmente. Ante la mirada inquisitiva de uno de los recolectores (el hedor es insoportable, no sé como es que no les vomite en la cara), les digo que en una bolsa hay carne pasada y en la otra un gato muerto. No creo que revisen. Entro a casa y vomito otra vez. Abro la nevera. Saco una lata de cerveza y me desparramo en el sillón. Ding dong. Suena el estúpido timbre. Quizá son los de la basura que han descubierto los trocitos de mamá, o tal vez es la policía. Nada de eso, es mi hermano, que anda de paso en la ciudad y paso a saludarnos. Me abraza, le correspondo, deseando que se vaya, nunca me agrado su presencia, pero ahora simplemente lo detesto. Le ofrezco una cerveza. La acepta. Se desparrama en el sillón. Me pregunta como ha ido todo. Le digo que bien, cortante y lacónico. Sólo espero que no pregunte por mamá. Ahora habla de él. Eso me tranquiliza. Me pone al tanto de su vida, su familia, su esposa, sus hijos, sus amantes, incluso me cuenta una graciosa anécdota de su perro. Reímos (finjo reír). Callamos. Para hacer menos incomodo el silencio enciende la televisión. Un programa de asesinos en serie. Empiezo a sudar, me tiemblan los brazos y las piernas. Preguntará por mamá en cualquier momento.
-Mamá amaba esos programas ¿recuerdas?
-Sí…- respondo sin comprender porque se refiere a ello como un hecho del pasado.
-Menos mal que los enterramos junto a ella, ¿hace cuánto? ¿una década quizá?- dijo sin apartar la mirada del televisor.
El sueño de la mujer del pescador
Ya no recordaba como había llegado. Su memoria se tornaba brumosa como la espuma en la costa y la neblina que empezaba a invadir las rocas. Había estado tocando todo el día el samisén y como siempre , prefería la soledad a la compañía del resto de aldeanas. El rumor de las olas y el monte Fuji que se alzaba imponente a lo lejos le recordaba su insignificancia. Recordaba lo absurdo de su existencia, limitada a los quehaceres del hogar, a esperar, esperar, al marido con la pesca para venderla al mercado, una especie de esclavitud voluntaria, ¿cómo iba a subsistir por sus medios? Ahora sentía esa imperiosa necesidad de desnudarse. Se quitó el kimono con parsimonia y lo dobló.
Se tendió sobre la arena y abrió sus piernas. Las olas se tornaban apacibles y recorrían su cuerpo, mojaban sus piernas y se retiraban para atacar nuevamente. Enrollaba en su dedo índice un sedoso mechón de cabello negro cuándo lo sintió: un ligoso tentáculo en su pierna derecha. Su primera reacción fue de repulsión y asco, precedida por una curiosidad anormal. Se trataba de un pulpo, un inmenso, un gigantesco pulpo rosa, con unos excelsos ojos lascivos que miraban directamente a su vagina. Trató de relajarse y ver que pasaba. Los tentáculos estaban fríos y ligosos, pero le producían un leve cosquilleo , era como si el pulpo la acariciara.
Para su sorpresa un tentáculo se introducía en su ano, otros la aseguraban de los hombros, las ventosas se adherían a sus muslos, a sus manos, a su piel entera. Quería soltarse pero era inútil, todo esfuerzo era inútil, si intentaba zafarse, el pulpo la estrangularía. Cerró los ojos esperando a que el pulpo desapareciera, pero lo sintió entrando a su vagina. Abrió sus ojos y se encontraron con los del pulpo, se vio reflejada en ellos, aterrorizada, fatigada, rendida, enredada en ocho tentáculos que invadían su cuerpo. Decidió no oponer más fuerza y dejar que el pulpo satisficiera sus inmundas necesidades. De pronto el tercer tentáculo se enrosco en su pezón y giró, y giró. Una y otra vez. Ella sentía que en cualquier momento su pezón izquierdo se desprendería, pero el pulpo relajo su brazo, luego apretó sus dos pezones al mismo tiempo, con un ritmo violento primero, y después suave pero constante. Gritó, pidió ayuda. Pero su voz fue ahogada por el fragor de las olas chocando contra las rocas. Para su desgracia, un pulpo de menor tamaño se acercó, era como si los gritos lo hubiesen atraído. Con un brazo le acaricio el cabello, con los otros se enrolló en sus axilas , recorrió sus senos .Ella trató de rechazarlo, pero las ventosas eran como pegamento. La besó con violencia, se introdujo en su boca , se enrolló en su lengua, juraría que llego a su garganta. Ambos octópodos aceleraron el ritmo, lo llevaron al limite, ella empezaba a disfrutarlo, ahora gemía extasiada, quería que se prolongara hasta la eternidad, mujer y octópodos, perfecta y armónica combinación de la naturaleza. Empezó a sangrar, pero a los monstruos marinos les daba igual. Las escena se prolongó por varias horas. Fatigada y presa del dolor perdió el conocimiento. Cuando despertó los pulpos ya no estaban, sólo el mar, con su oleaje intermitente, y el Fuji estático, excelso.
Regresó a casa y soñó que hacía el amor con su marido.
Delirios (Hilación del pensamiento II)
Lavar, planchar y cocinar también es trabajar. La ciudad de México se ilumina al anochecer. Con la noche viene la muerte silenciosa de un millar de mujeres. If you only read the book that everyone else is reading, you can only think what everyone else is thinking, ni puta idea de quién es la frase. Los prejuicios contra los japoneses. Los best sellers. Las ansias por ser distinto. Las remeras estampadas. Los rayones en la espalda. Una frase que revela mucho más de lo evidente y que puede llegar a abarcar días enteros de análisis. Una chica fumando, protegiéndose de los rayos solares. Otra hibernando en la arena sin la intención de hacerse un bronceado (los jovenes generalmente son unos imbeciles decididos). Otra tras la cara de Marylin. Parece que he estado demasiado tiempo enconchado en mi propia existencia y me he limitado a vivir y no a invadir las vidas ajenas como lo exige la convención social. Me cuesta trabar relación con la gente o tengo demasiado contacto con la misma, siempre, por eso las nuevas relaciones interpersonales se me tornan dificultosas, se me pasa el tiempo imaginando cosas, soñando despierto. Daydreams, nightmares and everything in beetween. ¿Las noches arábigas tienen más estrellas? Delacroix pintando una caza. Que la vida es una aventura retante o nada. Vaya cursilería. Dos tipos cargando a un tercero (desnudo) en la nieve, con la mirada perdida, cuatro más con las cabezas rapadas y complexión enfermiza, otra pareja desnuda brindando. No sé porque pero están brindando. A lo mejor y más tarde canten la oda a la alegría. Un pequeñin trabajando en una mina. Si buscás bien podés encontrar, o mejor dicho si ponés atención podés ver una mirada lasciva, enigmatica, pensante, que escapa por las ventanas, por los balcones, por los orificios de las puertas, por las chimeneas mientras un astrofilico mira el cielo estrellado, el occidental, no el arábigo. El homosexualismo en las tribus norteamericanas. Soplar nubes grises. Un Egipto liberado o al menos eso dicen los diarios. La policía despintando los lemas revolucionarios. Compositions II by Roy Lichenstein. Fe ciega en la hermosa Notre Dame. ¿Cómo será desde adentro? ¿Desde afuera? ¿Desde un pueblo cercano? Las mariposas monarcas vuelan para no congelarse sin ningún tipo de fronteras. El cuerpo humano comparado con una maquina perfecta. Anatomía básica. Me quiero convertir en roble cuándo muera. El arte debería reconfortar y relajar a los perturbados y perturbar a los relajados. El genio de las mil y un noches era horrendo. Dos chicos en un auto orillados en la carretera. ¿Viviendo al máximo? ¿Sin gasolina? ¿Deprimiéndose? ¿Alcoholizándose? ¿Fumándose un cigarro? La falta de pasión es fatal. La lluvia esta en todas partes, completa, absoluta, como el silencio, pero la diferencia es que no está vacía. Un Cristo enfadado. Una chica pensando en múltiples posiciones con su brazo multiplicándose múltiples veces. Una cara tallada en una concha mientras los pueblos mapuches luchan por su libertad. Un bombillo. 35 bujías. Un laberinto blanco y dos osos polares. Un millón de chiles picantes. Fridah Kahlo llorando apasionadamente. Combinación de magenta y cian. Un Ku Klux Klan enfantasmado. Un jaguar colgando de un árbol. Niños construyendo un estadio en Nueva Delhi. Amantes gays en Vietnam, documentados en su quehacer cotidiano, dos lesbianas viendo el trafico a través de la ventana .El Yo viéndose en el ojo de su semejante, comiendo bolas de carne. Dos amantes en un lago. Dos chicas haciendo el amor en una cocina. Dos viejos bañándose en dos cubetas gigantes. Dos jovenes escuchando no sé que canción en un ipod. ¿Lo que nos hace humanos? ¿Qué es lo que nos hace humanos? Vaya a saber. Quizá cantar en la ducha, bailar al son de un tango, contar historias, crear, crear, crear, algo, lo que sea. Crear un poema cursi. Un dibujo rápido. Me acabo de dar cuenta que me embarré de caca de perro. Ir a limpiarme y encontrarme a Banksy en la calle, turbulento como una marea del atlántico. Una rana cantando y bailando no es una idea muy descabellada. El flor del dolor. El dolor de la flor. La flor del dolor. Así es. Exactamente así: arte callejero. Una mujer fashion apocalíptica con una mascara antigases subiendo por una escalera. A eso se ha reducido nuestra existencia.
El día en el que Justin Bieber sufrió una muerte violenta
A bordo de su Boeing 707, cuyos tripulantes no excedían la docena (maquillistas, managers, chefs personales, niñera, guardaespaldas y el propio Justin) no tenía idea que su hedonística vida de lujos a costa de adolescentes hormonalmente alteradas y excitadas al borde de la histeria estaba a punto de terminar.
Sus pensamientos (si, en efecto, tenía la capacidad de pensar, pero sólo de vez en cuando) hallábanse concentrados en encontrar una manera más eficiente de firmar autógrafos, es natural que un (¿jovencito? ¿Hombre? ¿Niño? ¿Andrógeno?) tan famoso como él se viese agobiado por el tormentoso problema de firmar autógrafos, la última vez tuvo que pasar varias horas garabateando su infantil firma en cientos de discos, camisetas, libretas, diarios personales, de cientos de adolescentes, en su mayoría niñas prepubertas, pero de vez en cuando aparecían señores ya entrados en edad avanzada que lo deseaban en secreto. Se le ocurrió que quizá con un sello se podría ahorrar todo el trabajo, pero los fans son exigentes y exigían algo real, un contacto casi íntimo entre él y ellos, y sus infantiles garabatos era lo más cercano a esta experiencia. Desechó la idea del sello. ¿Y si se clonaba a sí mismo y llevaba a sus clones para firmar autógrafos? No, los clones se robarían el show, le ahuyentarían a sus fans, aunque viéndolo de otro manera esa podía ser la solución al problema de las fotos, las estúpidas fans siempre querían tomarse una foto con él, en algunas lo abrazaban, lo besaban, manchaban su perfecto cutis de labial, eso era lo que más le molestaba. Lo consultaría más tarde con su manager, ahora necesitaba que su estilista le alisara el cabello. Con su móvil puso al tanto a sus millones de fans en las redes sociales: ¡Alisándome el cabello! A lo que obtuvo cientos de respuestas en las que predominaban respuestas como: ¡Ah, para estar tan lindo como siempre! ¡Te amo! Etc etc.
Mientras tanto a 5000 kilómetros de distancia una horda de fans se dirigía al aeropuerto internacional Ronald Reagan liderados por la jovencita Brittany Johnson de 17 años, la intención de las fans era darle una calurosa bienvenida al andrógeno jovencito y obtener una fotografía junto a él.
Justin pasó el resto del vuelo en su siesta obligatoria para liberar estrés, abrazado a su osito de felpa.
Al aterrizar el gigantesco pájaro de aluminio y de hierro, las fans rompieron el cordón de seguridad y se abalanzaron sobre él, habiendo rodeado el aeroplano la portavoz del club de fans grito: - Te amamos Justin! Los guardaespaldas estaban habituados a aquellas situaciones sin embargo nunca habían enfrentado a cinco mil fans enloquecidas. El personal de seguridad del aeropuerto clasificó a aquel grupo como inocuo y supusieron que una vez obtuvieran lo que querían (una inocente fotografía) se largarían.
Justin despertó en ese momento y al ver la horda de fans se encerró en el baño alegando que bajaría cuando se le diera la gana, dejando a los guardaespaldas en una situación realmente incomoda.
Uno de ellos bajo del aeroplano y alzó la voz dirigiéndose a las fans: - El señor Justin Bieber no está en condiciones de salir en este momento por favor retírense.
- ¿Cómo, está enfermo Justin? ¿Qué es lo que tiene? – pregunto una fan alterada.
-¡No nos iremos sin antes ver a Justin!- añadió otra.
-¿Por qué lo retienen?
-¡Jus-tin, Jus-tin!- empezaron a corear.
El guardaespaldas retornó al interior de la aeronave.
-Señor Justin sus fans lo necesitan, lo aclaman, ¿Qué acaso no escucha?
-Saldré cuando se me dé la gane- dijo el imberbe, caprichosamente.
-Señor la tripulación corre peligro si usted no sale a calmarlas.
-¡No me importa la tripulación!
El guardaespaldas salió, les dijo que el señor Justin Bieber se hallaba indispuesto para las fans, que por favor comprendieran. Las fans enfurecidas empezaron a subir al interior de la nave.-Retírense, se los advierto, de lo contrario tendré que usar la fuerza contra Uds.- dijo con el ceño fruncido el guardaespaldas. A lo que no hubo respuesta alguna, pues las fans enloquecidas hacían pirámides humanas y rompían ventas, se introducían por todas las compuertas al Boeing 707. El guardaespaldas abatió a unas cuantas, pero no pudo detenerlas, sacaron a toda la tripulación de manera muy brusca y gracias a los sollozos de Justin Bieber, que yacía acurrucado en el baño, lo encontraron, lo llevaron en sus hombros y lo sacaron de la nave.
Lo abrazaron , lo besaron, se tomaron fotos con él, pero no les basto y Britanny Johnson tomando la iniciativa le arrancó un mechón de cabello, y así la imitaron docenas de chicas, hasta que Justin Bieber quedo calvo, muy felices con sus mechones algunas se retiraron, las que quedaban (que eran muchas) disconformes, pues también querían algo de Justin para ellas, y a una se le ocurrió cortarle una uña a Justin, y le arrancaron las uñas con los dientes, las de las manos y las de los pies, luego otras disconformes también querían un poco de Justin para ellas y pensaron en quitarle un poco de vello púbico, y lo desnudaron y se llevaron tremenda decepción al ver que Justin no tenía ni un solo vello, así que otra que era portadora de una navaja suiza le arranco un pedacito de piel, y otras la imitaron y lo despellejaron vivo, luego una reclamó su oreja y otra su nariz, luego otras querían una gotita de sangre y lo pincharon y cada una guardó un poco de su sangre, y las pocas que quedaban al ver que todas se habían llevado alguna importante parte de Justin decidieron devorarlo para así llevar dentro de ellas a su amado, y se abalanzaron sobre él y lo devoraron, primero las extremidades y las partes suaves, dejando los huesos a las más débiles y así, hasta que no quedo nada de Justin Bieber.
Delirios (Hilación del pensamiento)
Y te das cuenta que no podés hablar ni escribir a la velocidad de tus pensamientos, te das cuenta que no podés expresarte plenamente, no podés transmitir la idea tal y como la sentís en tu mente. Y lo intentás y te frustrás. Pero no podés y te invade una paranoica sensación y luego te morís de la risa. Absurdo. Y luego te fijás en cosas que nunca antes te habías fijado, reparás en cosas en las que nunca antes habías reparado. Una actitud que pasaba desapercibida ahora es el centro de tu atención. Ahora es el eje de todo tu pensamiento, el centro, el polo magnético. Lo podés ver todo desde diferentes ángulos, desde todas las aristas. Y se agudiza tu cinismo, adivinas dobles sentidos e hipocresía donde antes no las había, predecís, analizas ¿mejor o peor? La lengua se te traba y de tu boca no salen más que carcajadas, pavadas. Podes ver desde esa otra realidad que te cuentan y que nunca antes habías experimentado, descubrís que la mayoría de los que te rodean están indefensos, que buscan un refugio como vos, una identidad, aferrandose a una idea, a otra persona, a un lugar, a un sinfín de objetos. Ves la estupidez de ciertas costumbres, la insensatez de las rutinas, de los gestos maquinales que seguimos para que no se nos desmorone el mundo. Todos cargan con su cruz personal, sus traumas, sus estigmas, sus acomplejamientos y vos los podés ver como si dispusieras de unos lentes con rayos x. Se refugian en sus maquilladas tristezas, en su maquillada indiferencia, en su maquillada rebeldía, se refugian en sus cuerpos atléticos, en sus vastos conocimientos, en sus pseudo memorias fotográficas, o se aferran a sus hobbies, como si con eso se librarán de la muerte.
Genealogía de un escape
Manila. Sobres de papel manila, y el ku klux klan. Catafalco y te de limón.
Ahora te preguntarás como la conjunción correcta y combinación exacta y precisa en un orden predeterminado da como resultado un perro que escapa de sus amos. Una familia de cinco: papá, mamá, y hermanos con un intervalo de tres años de diferencia entre ellos. El perro a su vez producto de una horrenda combinación genética. A ciencia cierta nunca se supo o nunca supieron identificar todas las razas que figuraban en ese coctel con pelos y patas, pero lo seguro era que un chihuahua figuraba en la línea materna, por contraparte en la línea paterna figuraba un cocker spanish. A pesar de esto el cachorro no sufrió en ningún momento de una crisis de identidad y muy contento sin discriminar razas, ni colores, ni texturas, ni cabellos, ni tamaños, se empeñó en la tarea de esparcir su descendencia por la tierra. Pero el cogollo del asunto es que el té de limón llegaba en sobres de papel manila a la 17-B, de la calle 8, que es donde residía la pentatónica familia. Llegaba de esta manera porque se los enviaba desde la península del Indostán un primo lejano y el envió de té y otros productos exóticos (inciensos, azúcar, monos, tigres, colmillos de elefantes y esclavos) implicaba pagar un costo adicional al envío, más una serie de impuestos que dependía del precio del petróleo y de las revueltas independentistas en curso. Así a modo de cartas personales se iban camuflados los sobrecitos de té de diversas variedades (pero predominando el de limón por supuesto).
Estaban los cinco miembros de la familia discutiendo con el califa y el párroco sobre la validez del catafalco, cuando se asomó por la calle el desfile mensual del ku klux klan, horrorizados se refugiaron todos en la casa del califa, aprovechando la oportunidad el perro para escapar y no volver nunca más.
Aria
Ernesto paseaba por una calle llena de negocios, ventas, cafés, restaurantes, librerías, tiendas de musca, heladerías, taquerías ambulantes, pero una en particular llamo la atención a Ernesto: La tienda de dulces, caramelos, chocolates y pastelería a la vez. Todo en un solo lugar. Entro con un hambre gigantesca que se elevó exponencialmente al ver los diferentes pasteles, las galletas recién hechas, los alfajores, los chocolates, los caramelos…
En la sección de mercadería gourmet un cartel colgaba: El producto no es de muestra, por favor solo coger para comprarlo. Ante sus ojos aparecían dulces recuerdos de su niñez: gomitas de las mas diversas formas (serpientes, delfines, donas rellenas con gelatina) pero sus predilectos eran los ositos. A Ernesto se le hacia agua la boca, dulces de nuez, maní acaramelado y lo mejor de todo: dulces de regaliz. Como le encantaban aquellos dulces, desde que tenia memoria, rojos, verdes, azules, amarillos, Escogió los rojos, La chica de los dulces, como la bautizo Ernesto, tecleaba distraídamente su móvil.
-¿Vas a querer?- al percatarse de la presencia de Ernesto.
-Si, por favor.
-La chica de los dulces era poseedora de una belleza rara y extraordinaria, era lo más parecido a los dulces de regaliz para Ernesto, era perfecta, perfecta para vender dulces a su vez. Al contemplarla se sentía como cuando comía chocolates, liberado de alguna manera, se sentía parte del todo, sentía una conexión especial con el universo, y por unos breves segundos se sentía feliz y lo mas importante de todo, su vida parecía tener sentido. Quizá se debiera en parte a la liberación de dopamina y serotonina en su cerebro, lo mismo podía estar enamorado ora comer chocolate.
La chica de los dulces veía a Ernesto con una mirada interrogativa.
-De regaliz por favor.- dijo Ernesto saliendo de su trance y entendiendo la expresión de la chica de los dulces.
-¿Cuánto?
- ¿Cuántos hacen una onza?- preguntó muy nervioso.
-Tres hacen una onza.- dijo la chica de los dulces cansada de responder esa pregunta, ya se había planteado la cuestión de escribir en la vitrina: una onza= 3 dulces. Pero nunca se atrevió, le tenía demasiado pavor y respeto a su superior.
-Entonces dos onzas.
Hubo un intercambio de billetes y monedas, rozaron sus manos por un instante, y volvió a teclear agresivamente su móvil.
Ernesto hubiese querido hablarle, entablar una conversación de cualquier cosa, de dulces podría ser ¿Por qué no? O de móviles, estaba seguro que en eso se interesaría la chica de los dulces, pero no lo hizo, Ernesto era demasiado cobarde, mientras salía de la tienda imaginó lo que pudo haber resultado de aquella ecuación.
-¿Querés algo más?- interrogo la chica de los dulces
-Si.
La chica de los dulces lo veía con aquella mirada interrogante. Ernesto señaló la vitrina de las nueces.
-¿Nueces?
Ernesto no profirió palabra alguna, señalo más la izquierda.
-¿Gomitas de osos?
Ernesto negó con su cabeza, señalo un piso arriba.
-¿Ah, ya se, ¿maní acaramelado verdad?
Ernesto sacudió su cabeza indicando negación.
-A vos, te quiero a vos.
La chica de los dulces cambio la expresión juguetona que había mantenido, por una de frívola seriedad, para terminar esbozando una media sonrisa.
-Salgo a las cinco.
-¿Te espero en el café de enfrente?
-Me parece, pero conozco uno mejor, pero espérame ahí y te lo muestro.
-Perfecto.
-Ahora ándate, que estoy trabajando, me vas a desconcentrar y ahuyentas a los clientes.
-Ah, si cierto.
Y en efecto una larga fila de pequeños pigmeos y adultos azucarados se había formado tras Ernesto.
-Espera
-¿Que?- preguntó la chica de los dulces.
-¿Te llamas?
-Aria
-Como la felicidad.
La chica de los dulces se sonrojo.
-¿Y vos?
-Ernesto- dijo Ernesto.
Hotel
Más tarde, mientras iba en el autobús, Ernesto vio un anuncio en la carretera: Hotel Nuevo Merliot, Tel: 2254-2121. Ernesto memorizo el número y al bajar del autobús lo anoto en su agenda electrónica de su móvil. Nunca llamó. Pero reparo en lo misterioso de aquel cartel, solo el nombre del hotel y el número, no proporcionaban más información. Nunca se atrevió a llamar.
Pero en su mente la conversación se desarrollo así:
-Aló- dijo Ernesto después de escuchar que levantaban el auricular del otro lado de la línea.
-Hotel Nuevo Merliot para servirle.
-Hola
Si caballero, en que podemos ayudarle ¿Es usted un caballero?
-Biológica y mentalmente.
-Ok, caballero ¿Desea reservar una habitación?
-No vayamos tan rápido señorita ¿Es usted una señorita?
-Señora en realidad, de Martínez, pero eso no importa. Llámeme señorita si le place, a mi parecer es mejor.
-¿Primero, por qué no ponen más información en sus vallas publicitarias?
-Perdón señor, digo caballero, es una estrategia de marketing, de publicidad.
-Ah, comprendo ¿Pero de cuantas estrellas es el hotel? ¿Cinco, cuatro, tres o es un simple hostal?
-No señor, caballero, no somos hostal, de lo contrario el nombre seria Hostal Nuevo Merliot.
-Cierto, pero no ha respondido a mi pregunta, a la que n realidad interesa.
-Lo que pasa caballero, digo señor, es que aun no se ha presentado el comité internacional que evalúa los hoteles, ellos son los que dan las estrellas, por lo tanto no podemos decir de cuantas estrellas somos poseedores, estaríamos mintiendo.
-No sabia que existía una cosa como esa.
- ¿Cómo que?
Como un comité internacional que acredita a los hoteles y les da las estrellas.
-Por supuesto que existe. ¿Cómo creía que se calificaba un hotel entonces? Si no existiese el comité todos se autoproclamarían de cinco estrellas.
-No lo sé, pero me parece ridículo lo del comité…
-Bueno, si no va a reservar habitación entonces lo dejo, hay clientes que si quieren reservar y usted tiene esta línea ocupada.
-No, perdón, no quería ser descortés.
-¿Entonces quiere hacer una reservación?
-No sé.
-¿Cómo? Le voy a colgar..
-No, no cuelgue
-¿Qué quiere entonces?
-Es que no sé si quiero hacer una reservación.
-¿Por qué no sabe señor?
-Porque no sé como es el hotel, no sé si me gusta, ¿podría describírmelo por favor?
-Es un hotel prestigioso como cualquier otro.
-Mentira, ningún hotel es igual a otro.
-Tiene usted toda la razón, el nuestro es mejor.
-Descríbamelo entonces
-Es que no soy muy buena describiendo.
-No importa yo le ayudo entonces.
- Primero ¿cuantos pisos y cuantas habitaciones?
-Uff
-¿Muchos?
-Muchísimos
-¿Puede hacer un aproximado?
-Tal vez.
-Inténtelo, vamos.
- Unas cien habitaciones, incluyendo la suit presidencial y pisos…
-Suit presidencial, entonces es de lujo.
-Creo…
-Bueno. ¿Cuántos niveles de parqueo?
-Cinco.
-Oh, perfecto, ¿Salas de conferencias?
-Diez.
-Me parece razonable. ¿Gimnasio, piscina, bar, restaurantes?
-El gimnasio aún lo están instalando, no hay instructor, piscina grande de 17,5x8,5 m, 0,9-1,6 m de profundidad, y el agua 27-28 °C. Esa la de natación.
-¿Tiene más entonces?
-Claro, hay una piscina de impresión, una termal, otra gimnastica, otra de baño de pesa, otra en la azotea, dos saunas finlandeses, una cámara de vapor y una de aroma, lamentablemente no hay para niños.
-¿Y el bar?
-¡Ah! se me olvidaba decirle que no se pueden hacer clavados en la piscina, el bar funciona de 12 PM a 12 AM, varios cafés y restaurantes muy prestigiosos.
-¿Agua caliente en las habitaciones? Seria tonto preguntar por aire acondicionado.
-Si, seria muy tonto, el agua la puede regular a su gusto.
-¿Internet?
-Del mejor.
-¿Televisión por cable satelital?
-De la mejor, 400 canales y hay clientes que se aburren.
-Los comprendo, hoy en día solo dan basura en la tv. Dígame, el lobby,¿ como es el lobby?
-Muy amplio y minimalista.
-Oh, entiendo, si yo fuera de esa comisión internacional, lo calificaría como cinco estrellas, solo me faltaría corroborar la calidad del servicio y la comida…
-¿Entonces va a reservar una habitación para probarlo?
-Oh no, de ninguna manera.
-¿Qué? ¿Cómo? ¡Me hizo perder tanto tiempo para nada!
La voz dejo de sonar femenina y servicial.
-Es que no tengo dinero, ni un céntimo- dijo Ernesto a modo de disculpa.
- ¡Maldito, es usted un desgraciado, un….
No pudo completar la frase, Ernesto colgó el teléfono.
Crucigrama
Mientras Ernesto esperaba el autobús sentado en una banca, una señora se poso a su lado, con la delicadeza de una palomilla agonizante. Traía el periódico consigo. Ernesto estaba aburridísimo y empezó a leerlo. Luego la señora (su edad oscilaba entre los 50 y 70 años) desarmo el periódico, lo rearmo y dejo una pagina fuera. El editorial. Se puso a resolver el crucigrama. A Ernesto le dio vergüenza pedirle la hoja suelta.
-¿Va a utilizar esta hoja?-dijo Ernesto tomando la hoja y alzándola un poco.
-No.
-¿Puedo leerla entonces?
-No sé, ¿podés?
-Si. Por supuesto ¿Parezco iletrado?
-No, bueno, déjame verte mejor…
La señora con el cabello nevado y con miopía y astigmatismo se ajustó sus lentes supergraduados, examinó a Ernesto detenidamente.
-No, no pareces.
-Me alegro- dijo Ernesto orgulloso de no parecer un iletrado.
Leyó el editorial, las noticias del reverso, los anuncios publicitarios, releyó el editorial, releyó otra vez, Se aburrió tremendamente y se puso a espiar a la señora.
-¿Le ayudo con el crucigrama?
-No gracias, estoy bien.
-¿Segura?
-Si, segura, gracias.
-Bueno.
Pasaron cinco minutos.
-Se ve que necesita ayuda, apenas lleva cuatro palabras, las mismísimas desde que comenzó.
-Estoy contemplando opciones- dijo la señora sin levantar la vista del papel.
-Déjeme ayudarla, no sea tan orgullosa.
-Usted no sea tan entrometido.
-Perdón, tiene razón.
Reino el silencio durante un par de minutos.
-Hélade, telar, óbito, solo esas tiene.
-Y dio- añadió irritada la agónica palomilla.
-Esa esta mal.
-¿Sos un sabelotodo entonces?
-No.
-Entonces déjame hacer mi crucigrama.
Cinco minutos más permanecieron en silencio. Los buses iban y venían, las personas iban y venían, las nubes iban y venían, las aves iban y venían, al parecer solo Ernesto y la señora permanecían estáticos en un mundo que no se detenía
.-45 horizontal, oliva. 47, facilísimo, símbolo del galio: Ga. 51, símbolo del ástato: At, señora esta regalado el crucigrama.
-¡Callaté!- ordenó la señora enfurecida, mostrando los dientes como un perro rabioso.
Ernesto obedeció, se preguntó que le pasaban a los autobuses esa tarde, tal vez se habían ido a huelga o quizá se abrió la tierra y se los trago a todos, al cabo de un rato empezó a susurrar al oído de la señora
-Rio de Siberia, obi, 43 Hor, 49 oso, 33 vida, 34 abanico, 37 omiso, 55 acude, 57 rasete, 58 útiles, 40 más, 41 pavor, 12 omega, 21 avaro…
- ¡Ya basta!-gritó la señora furibunda, extasiada -¡Este loco me esta acosando, alguien ayúdeme!
Los peatones se arremolinaron a ver qué pasaba. Dejaron de ir y venir, se olvidaron por completo de su destino, los que iban con prisa, anduvieron más despacio, los que iban con prisa se apresuraron, cualquier cosa que los sacara de se ir y venir eterno era justificable, cualquiera era suficiente razón para liberarse de ese cíclico y absurdo andar.
-Tranquila señora yo solo quería ayudarla- dijo Ernesto esquivándose y cubriéndose la cara de los golpes que lanzaba la señora con el puño cerrado y el periódico en la otra mano…
¿Reflexión o refracción?
Si los pensamientos se desdoblaran como haces de luz y viajaran a la misma velocidad que los corpúsculos ondulatorios. Tendrían una doble naturaleza. Una mas o menos tangible, electromagnética y otra metafísica. Si al reflejarse en un espejo los pensamientos o el pensamiento (en pocas o muy raras ocasiones sólo existe un pensamiento, pero esto es propio de enamorados o drogadictos que al final viene a ser lo mismo) se reflejara en todas direcciones en el espacio, conservando la esencia y la forma. Las ideas serian muchísimo mas fácil de comunicar, y no las entorpeceríamos con las trampas del lenguaje, no las deformaríamos, no las desviaríamos del contexto, la idea se transmitiría de forma casi directa sin tener que recurrir a un código que las transporte. Los debates serian mucho mas cortos, y aburridos, pero la humanidad se comprendería mas fácil entre ella. En el edificio de las naciones unidas habrían grandes espejos que reflejarían todos los pensamientos de los presentes, y así se entenderían mejor, no habría doble política, o conflicto de intereses. Porque a los pensamientos con naturaleza luminosa o corpuscular no se les puede revestir con otros, no se pueden camuflar, son directos, sinceros. A no ser que alguien fuese un excelente reprimidor, y de pensamientos, estos no se podrían ocultar. En las bibliotecas se almacenarían los mas gigantescos espejos, y en los salones de conferencia, y los políticos y empresarios contarían con uno como parte de su equipaje para propaganda y publicidad. Por otra parte me atrevo a imaginar que los espejos estarían prohibidos o por lo menos tendrían un mecanismo para censurar pensamientos no permitidos, es decir todos aquellos que cuestionasen las autoridades en el poder. Para tener un mejor control , los precios de los espejos se elevarían a la estratosfera, el gobierno tendría una lista de los compradores de espejos. Los vigilarían día y noche y gracias a esta escasez de espejos los humanos recordarían a hablar. Porque lo habrían olvidado al poder comunicar sus ideas de forma directa.
Sin embargo estoy casi seguro que existiría un pequeño grupo de rebeldes, que siempre cargarían consigo un pequeño espejo. Harían reuniones clandestinas, y en la clandestinidad sus ideas serian reflejadas, refractadas,difractadas.

